lunes, 17 de octubre de 2016

EL YATE EL PILAR POR RADIO CONTROL


El Pilar por radio control

Por Reynold Rassí Suárez
fte: Revista Mar  y Pesca .CUBA

El modelismo naval es una de las artes manuales más antiguas de la humanidad, acerca de la construcción de un modelo navegable de la embarcación del famoso escritor norteamericano Ernest Hemingway, habla para Mar y Pesca su realizador, Israel Wilfredo Díaz Gómez (Wildy).

El yate Pilar es conocido internacionalmente por dos razones principales: haber sido la nave que utilizara en sus pesquerías el destacado intelectual Ernest Hemingway, y considerarse que durante sus travesías a bordo de la citada embarcación el literato halló la inspiración para crear la obra El viejo y el mar, la cual  —junto a otros sobresalientes textos— le mereció el premio Nobel de Literatura en 1954. Construido en los Estados Unidos de América bajo la firma de la Boston WheelerBrothers, el Pilar se estructuró en caoba y roble, con 11,86 metros de eslora (largo) y 8,65 de manga (ancho). Desde su arribo a Cuba a finales de la década del 30, el yate tuvo como base el embarcadero del pueblo de Cojímar, al noreste de La Habana.

¿Qué motivos lo llevaron a desarrollar tan loable iniciativa?

En una ocasión, corría el año 2002, realicé un fotorreportaje sobre el yate Pilar en su actual ubicación, el museo que lleva el nombre de Hemingway en la finca La Vigía, ubicado en San Francisco de Paula, La Habana. Entonces comenzó a darme vueltas en la cabeza la idea de construir un modelo navegable por radio control (RC) de esa embarcación de pesca.  La esencia de la novela del referido autor —quién escribió ampliamente sobre el mar y la pesca— era la capacidad del hombre para luchar por la vida y adaptarse a las situaciones más extremas. Animado por el espíritu de la obra y mi admiración por él, quien vivió durante muchos años en Cuba, tomé la decisión de construir mi propio modelo, entusiasma- do también por el gusto que me brindaba el diseño de la nave al estilo de los años 30. Sin duda, me enfrentaba a una buena prueba como modelista y a mi voluntad para hacer realidad una de mis metas.

Hablemos del proyecto. ¿Encontró dificultades para materializar sus propósitos?   No resultó fácil. Busqué en la web y al no encontrar referencias sobre la existencia de un modelo navegable del yate, ni un anuncio comercial —aunque esa tampoco resultaba mi opción, pues aquí en Cuba no contamos con tiendas  de hobbies— mi interés creció más. Y me dije que si lo quería tener, debía confeccionarlo por mí mismo. De esta manera, con muchos deseos, sin apenas recursos y con poca experiencia, decidí poner todo mi empeño en materializar una reproducción del modelo con la mayor calidad que me fuera posible. En lo fundamental contaba con lo imprescindible para realizar el trabajo: segueta, cuchilla de corte, regla metálica, y otros instrumentos y materiales. En mi visita al museo había tomado numerosas fotos del Pilar desde ángulos diferentes, pero lo primero que se necesita para construir un modelo es el plano del yate en cuestión. Sin embargo, ni en esa institución ni en los astilleros Chullima, de La Habana, donde había sido re- parado, existía referencia alguna. Intenté obtener permiso para tomar medidas de la embarcación real, mas en ese momento la instalación aguardaba la designación de un nuevo director. Me sugirieron que pidiera autorización al Consejo Nacional de Patrimonio Cultural (CNPC), donde estas gestiones me llevaron varios meses y sin resultados positivos.

¿Cuáles fueron los retos constructivos?

Uno de los primeros desafíos era sacar la forma del casco sin tener planos. Aunque tenía muchas fotos no hallaba la manera de proceder. Debía acudir a otros modelistas de experiencia que me indicaran cómo hacerlo. Tras gestiones con varios compañeros sin resultado, finalmente un colega me dio la solución. El método usado para sacar la forma del casco, con la referencia de las fotos que había tomado, fue tallar un bloque de poliespuma, labor que apenas requirió dos horas. Una vez terminado, pude obtener la forma de las cuadernas, al tomar con un alambre las diferentes siluetas del casco, y llevarlas a cartón para poder rectificar cualquier imprecisión antes de hacerlas en madera. Ver la imagen externa no es suficiente para determinar con exactitud la construcción de su interior, porque un mismo resultado se puede lograr de maneras diferentes, y mi experiencia no era mucha, para no decir nula, pues se trataba de mi primer modelo RC. Cuando se adquiere un kit, contando con la madera cortada, planos y manual de instrucciones aún se afrontan dificultades en el montaje. No tenía nada de eso, pero no me desanimaba enfrentar el reto. Al estudiar y leer tra- bajos en publicaciones sobre modelismo naval, me había familiarizado con todo lo requerido para realizar mi empeño.
Quería que el yate tuviera 62 centímetros de eslora para que no fuera tan difícil de transportar. Un diseñador y constructor de barcos estáticos me dio un estimado de la madera que podía necesitar. En Jarahueca, Sancti Spíritus, obtuve el cedro, una madera cómoda para trabajar. También conseguí baría, de color más os- curo, que serviría para la cabina. En la práctica, la propia necesidad del modelo me iría indicando el grosor y las medidas en que debía cortar las planchas, varillas y listones. Después de construir la rueda de gobierno como primera pieza, confeccioné la quilla, a la que siguió, primero, las cuadernas de cartón y luego las de madera, para continuar con el forrado del casco. Recuerdo que remojaba los listones para lograr doblarlos al calor del fuego de mi cocina, a la manera tradicional, a fin de obtener las tracas requeridas para el casco.

Con gran satisfacción vi esta parte terminada. Poco a poco, el modelo empezó a tomar forma.  Después vendrían otros trabajos como hacer el piso, el techo, cubierta, la hélice, cabina, camarote, el sistema eléctrico, luces, la pintura…, hasta terminar la embarcación, lo cual llevó su tiempo. Así solucionaba los problemas mate- riales y constructivos de hacer realidad mi proyecto del Pilar por radio control. Había conocido la existencia del variador de velocidad mecánico y electrónico: el primero funciona mediante una resistencia que aumenta o disminuye el voltaje para acelerar y desacelerar, pero el segundo tiene la ventaja —al lograr esto electrónicamente— que no tiene pérdida de corriente, de manera que se obtiene más tiempo de navegación. Por supuesto, desde entonces quería disponer para mi modelo de un variador electrónico de velocidad. Conseguirlo fue un verdadero dolor de cabeza, pasé un poco de trabajo, pero lo logré.

¿Cómo fueron las pruebas y el resultado final?

La prueba inicial de navegación la realicé en el lavadero de mi casa. Luego lo llevé a la fuente cercana al teatro Amadeo Roldán.   Allí atrajo la curiosidad de numerosas personas, principalmente jóvenes y niños, interesados en saber dónde lo había adquirido, su coste… Al parecer, nadie podía imaginar que era el resultado de mi trabajo artesanal. En el agua, el modelo respondió muy bien. Pudo ser mejor, pero lo cierto es que le dediqué mi mayor esfuerzo para alcanzar ese resultado. Demoré algo más de dos años y medio en su construcción, dada las dificultades para conseguir los materiales y mi inexperiencia de entonces. Pero mi primer modelo RC está completo y navega bien, es un trabajo del que estoy contento y orgulloso. Este fue mi punto de partida para luego hacer otros proyectos. Tengo realizados la torpedera Vosper, de 70 pieBROOCK WATSON 1749s; un cazasubmarino de la Segunda Guerra Mundial, de 83 pies;  una lancha de paseo y un U-Boat tipo VII, todos navegables