Los efectos de la actividad humana en los ecosistemas son
difíciles de calcular porque muy raramente disponemos de datos de valor
científico anteriores al inicio de tales impactos, señalaron especialistas de la
Universidad de Chicago.
Las evidencias ecológicas detalladas, donde existen, no
suelen extenderse por más de 50 años, lo cual es un serio inconveniente, pues lo
ideal sería una perspectiva histórica más profunda, que cubriera siglos o
incluso un milenio.
Los restos esqueléticos pueden perdurar por mucho tiempo y
ofrecen datos de diversas épocas. De hecho, a través del radiocarbono y de otros
métodos de datación se conoce que las conchas pueden persistir a unos pocos
centímetros bajo el suelo oceánico durante décadas, e incluso milenios en
algunas circunstancias.
Los investigadores han llevado a cabo muchos de estos
estudios en las últimas décadas. Específicamente éste, publicado en la revista
Natura, se centra en los entornos costeros y de alta mar, donde los daños van
desde la pesca hasta los subproductos químicos de la urbanización y la
agricultura que fluyen hacia el océano.
Los estudios abarcaron lugares muy variados, como por ejemplo
el Golfo de México, el Mar Mediterráneo, las Islas Vírgenes y la costa de la
Patagonia en América del Sur. Fueron seleccionados los moluscos porque sus
duraderas conchas incrementaban sus posibilidades de
preservación.
Para las evidencias del impacto humano en las áreas de
estudio, se recurrió a documentos históricos e informes gubernamentales. Estas
fuentes no ecológicas aportaron información independiente sobre la historia
local de los impactos humanos.
El análisis de los datos reveló una relación inversa entre la
extensión del impacto humano y cuán bien la colección de conchas de organismos
muertos reflejaban a los habitantes actuales de un ecosistema.
Cuando los ecosistemas marinos han permanecido relativamente
primitivos, la fauna viviente y las conchas de los especímenes muertos
concuerdan bien, pero cuando han sido alterados por nosotros, las conchas de los
organismos muertos y la fauna viviente generalmente difieren de una manera
notable en la composición y abundancia de las especies con
conchas.
Esta es una nueva técnica para el reconocimiento de los
impactos humanos sobre las comunidades vivientes en áreas donde no existen
muestreos sistemáticos llevados a cabo desde mucho tiempo atrás. (Versión de
Teresa Cádiz)..
FUENTE: CENTRO DE DOCUMENTACION. REVISTA MAR Y PESCA, CUBA.