miércoles, 24 de agosto de 2016

TATUAJES MARINOS. EL OCÉANO EN LA PIEL

Tatuajes marinos: El océano en la piel

Por Claudia Edith García

fuente: REVISTA MAR Y PESCA CUBA

Resultan infinitas las razones que pueden llegar a justificar un tatuaje marino, pues cada persona es única y por tanto, sus experiencias de vida e interpretaciones también. Es así que aunque las representaciones de anclas, delfines, barcos, tiburones…, en general no varíen como diseño, siempre permiten una personalización que como es obvio no expresa lo superficial figurativo, sino la propia subjetividad de quien los lleva, cosa que los hace únicos en cada persona 

Ya sea por razones protectoras, castigos, estrategias bélicas para intimidar al enemigo, la práctica del tatuaje ha acompañado a la humanidad desde sus inicios. Egipto, China, India, Japón, Grecia, Roma, por mencionar algunas, son de las civilizaciones que hicieron de este arte algo común en sus sociedades y en ciertos casos —Egipto—, elemento medular dentro de sus cosmovisiones religiosas
.
No obstante, el término tatuaje es de origen polinesio. El vocablo proviene de la palabra tahitianata, que significa golpear, y de la expresión tau-tau, usada para hacer referencia al choque entre dos huesos, modo en que tradicionalmente se realizaban estas marcas en la piel en esa parte del mundo.

El arte tau-tau, al igual que su expresión en inglés tattoo —de la que deriva su equivalente en español—, tal como la conocemos hoy, fue introducido en occidente en el siglo XVIII por expedicionarios ingleses dirigidos por el capitán James Cook a su regreso de Tahití. El científico Joseph Banks —miembro de la tripulación de este oficial— describió el proceso del tatuaje polinesio y lo dio a conocer en Inglaterra, hecho que con posterioridad daría lugar a que se esparciera por Europa. Pero la afición por los tatuajes en el Viejo Mundo —desde una perspectiva diferente, pues hasta el momento solo eran llevados por esclavos o individuos señalados por la justicia— se le debe, en particular, a los marineros de la tripulación de Cook, quienes aprendieron el arte —incluso lo practicaban a bordo de los barcos— y extendieron por el continente la tradición de los hombres de mar tatuados.

Quizá esto explique la relación que hasta el momento se ha visto entre los marineros y los tatuajes. Asociación que ha superado incluso barreras sociales, pues se tiene conocimiento de que miembros de la realeza británica regresaron tatuados de sus viajes por mares del sur, y que Don Juan de Borbón —Conde de Barcelona y padre del actual rey de España—, llevaba su antebrazo derecho tatuado como recuerdo de su estancia en la Marina inglesa.Condicionados por el entorno, los marinos han escogido motivos marítimos para tatuarse dadas las empatías que inevitablemente han establecido con el espacio acuático, pues es más el tiempo que permanecen a bordo de un navío que en tierra. Pero este tipo de afición no puede entenderse solo a quienes tienen contacto  con el mar, ya que el océano, con las características sorprendentes e impredecibles de sus habitantes, ha constituido desde siempre un acertijo seductor y un reto; el imperativo de dominarlo hizo que la humanidad se superara construyera imponentes buques de acero, y la necesidad de entenderlo ha dado a luz increíbles seres y leyendas.

El mar —y cuando refiero mar aludo a todo lo que haga referencia a él, ya sean barcos, peces…— está presente bien directa o indirectamente en la vida del ser humano, puesto que forma parte de su imaginario cultural. Por ello, no resulta nada inusual la tendencia de motivos acuáticos en los tatuajes de cualquier individuo en la sociedad actual.

Uno de los más popularizados es el del pez koi o carpa china, pues dada su diversidad de colores —fácilmente adaptables a gustos particulares— y aletas enruladas, hacen de sus diseños en tatuajes verdaderas obras de arte. Pero más allá de lo figurativo, a estos animales les rodea un mito cargado de simbolismos.
Cuenta la leyenda de estos peces que los que lograban nadar río arriba hasta alcanzar la cascada, al llegar a la cima y como recompensa por el esfuerzo, los dio dioses les concedían el don de transformarse en dragones. Es así que la representación de una carpa koi se considera de buena fortuna en la vida y se asocia con la paciencia, la longevidad y con la capacidad de imponerse ante las adversidades.
Otra representación muy extendida, podría decirse incluso más que el pez koi, es el delfín. Quizá a ello contribuya el he-cho de que sus diseños son muy sencillos, pues todos tienen la misma forma. Pero es su característica física de parecer que sonríe todo el tiempo, su naturaleza juguetona y el sentido de libertad que inspira, cualidades que suscitan buenas energías, lo que hace que sea tan solicitado en el mundo de los tatuajes. Además de estos significados ya conocidos, para los antiguos griegos era símbolo de divinidad: los cretenses creían que cuando una persona moría, su alma era acompañada al más allá por delfines. También los celtas los tenían como criaturas positivas y sus relaciones con esos peces eran bastante complejas, incluso juzgaban que tenían el poder de eliminar los impulsos delictivos en los hombres y otorgar perdón a quienes lo necesitaran, por lo que constituían un símbolo de redención, de renacimiento en sentido moral o espiritual.
Pero en este tipo de tatuajes, sin duda el primer lugar pertenece a los tiburones. Aunque existen más de 375 especies, los más socorridos son el tiburón blanco y el martillo. A pesar de estar relacionados al terror y al peligro, también tienen un carácter positivo, sobre todo en el caso del tiburón blanco, pues su significado es asociable a su carácter cauteloso e inteligente, además de que sus movimientos tienen una suerte de elegancia y supuesta indiferencia que los hace ser mucho más certeros en sus ataques. Por otro lado, en las tribus de Nueva Zelanda este animal se consideraba el ser más importante del océano. Tradición que se ha mantenido hasta las generaciones actuales, pues es conocido como “el rey de las aguas”, por lo que su representación también simboliza la protección de lo que se ama, así como poder, liderazgo, valentía y autoridad.
Los motivos de otros peces no gozan de tanta popularidad como los mencionados anteriormente, pero de igual modo son bastante solicitados. Generalmente tatuados en colores suaves, su gracia y fluidez de movimientos reflejan calma y amor por lo bello desde lo primigenio, lo elemental.
Y es claro que si de temáticas marinas se trata, no pueden faltar los frutos de la ficción, en este caso la representación de sirenas, las cuales han llenado la imaginería de los relatos en altamar. Se dice que estos seres mitológicos mitad peces, mitad mujeres, cuyo erotismo es archifamoso, encantaban a los marineros de la antigüedad con sensuales cánticos con el objetivo de hacerlos encallar o llevarlos al fondo del mar, de donde no regresaban jamás. Así que su significado es un tanto dual, pues se relaciona con el amor, pero con un amor pasional, peligroso y con el misterioso poder seductor femenino, capaz de hacer caer a los hombres en el delirio.

Pero no solo el mundo animal goza de protagonismo, también otros elementos —los creados por el hombre para facilitar su vida en el mar— se han ganado un lugar merecido dentro de esta tendencia de tatuajes marinos. Entre ellos está el caso del ancla, que ¿por qué no? puede considerarse un clásico, pues su representación ha sido uno de los motivos más frecuentes en tatuajes por casi dos siglos. Como sabemos, este es un instrumento imprescindible en la navegación que se interpreta como símbolo de  seguridad, ante las fuerzas del mar y del viento, aunque también representa confianza incondicional a todo aquello a lo que nos podemos sentir sujetos emocionalmente. Pero si bien en la actualidad es una imagen que guarda relación casi excepcional con el mar, en épocas de la iglesia primitiva estaba relacionada con la religión, pues hacía alusión a la cruz cristiana, por lo que llegó a expresar redención, sacrificio, amor por el prójimo y todos los demás significados relacionados con ese símbolo católico.

Otro también muy conocido es el barco, que generalmente aparece tatuado con sus velas desplegadas y rodeado de nubes y gaviotas. Su representación solía ser de grandes dimensiones —aspecto que por mayoría se mantiene hasta la actualidad—, y funcionaba como amuleto para asegurar a su portador un buen regreso a su hogar, por lo que los marineros la mostraban orgullosos. El tatuaje de un barco simboliza la defensa de una forma de vida particular, además de aportarle a quien lo lleve carácter aventurero y amor por la libertad.

Las brújulas y la rosa náutica —o rosa de los vientos, como también se conoce— de igual modo encabezan la lista de esta tipología de tatuajes. Ambas resultan instrumentos que facilitan la orientación a los marineros, por lo que son imágenes que aún no han cedido en popularidad; al procurar “no perder el norte”, significan responsabilidad, orden y objetividad ante la vida.

No obstante, aunque estos son de los significados más generalizados, resultan infinitas las razones que pueden llegar a justificar un tatuaje marino, pues cada persona es única y por tanto, sus experiencias de vida e interpretaciones también. Es así que aunque las representaciones de anclas, delfines, barcos, tiburones…, en general no varíen como diseño, siempre permiten una personalización que obviamente no expresa lo  superficialmente figurativo, sino la propia subjetividad de quien los lleva, cosa que los hace únicos en cada persona.